sábado, 14 de junio de 2008

Franceses en Holguín Cuba. José Millet


PRESENCIA FRANCESA EN TERRITORIO HOLGUINERO

Ángela Peña Obregón y María Julia Guerra Ávila


En esa mezcla de razas que conforma al pueblo cubano se encuentra la huella de franceses y franco haitianos en no pocas ciudades y territorios a lo largo de la isla. Destacan las provincias de Guantánamo, Santiago de Cuba, La Habana y la ciudad de Cienfuegos, donde fue mayor esta emigración; grupos menores se asentaron en los alrededores de Matanzas y Pinar del Río. El historiador, etnógrafo y demógrafo Juan Pérez de la Riva agrega otros sitios de asentamientos franceses ubicados en el actual territorio de la provincia de Holguín, y refiere que "fueron repartidos a nuevos caficultores los terrenos realengos de las costas que rodean la bahía de Nipe, y a medida que aumentaba la inmigración, otros situados en las cercanías de Holguín, Sagua, Mayarí, etcétera". (1)

Realmente existe muy poca documentación sobre la emigración francesa y franco haitiana de finales del siglo XVIII y primeros años del XIX hacia la zona que conforma la actual provincia de Holguín, entre lo poco que sustenta lo aportado por Pérez de la Riva se encuentran notas inéditas escritas por el Dr. José Agustín García Castañeda, a partir de 1850 y se localiza alguna información en el Archivo Provincial de Historia: en padrones, Protocolos Notariales y Expedientes del Fondo Tenencia y Ayuntamiento.

La historia más reciente de los franceses en tierras holguineras, de aquellos que llegaron en diferentes épocas del siglo XX, ha sido recopilada por testimonios de los franceses René Etchegaray, residente en la ciudad de Holguín, quien luego falleciera, y Golbert Lahirigoyen Cruz, en la Villa de Gibara, así como de varios descendientes de otras familias.

Profesionales, propietarios de pequeñas industrias, maestros de obras y de diversos oficios, vendedores ambulantes, fotógrafo, hombres del campo y jornaleros entre otros oficios, dejaron su impronta en el acervo cultural holguinero. La única imagen de la ciudad de Holguín en el periodo colonial se la debemos al pintor y grabador francés Collet durante la visita que realizó a Holguín en 1850. La nitidez de ese testimonio histórico junto con apellidos, nombres de lugares y manifestaciones culturales han llegado a nuestros días y rememoran ese legado.

Causas de la emigración francesa y franco haitiana a Cuba.
Las causas del arribo de franceses a Cuba fueron varias. Entre las más importantes se encuentran la sublevación de esclavos en Haití, inspirada en la Revolución Francesa. Esta hizo que emigraran a Cuba y especialmente a Santiago de Cuba, entre los años 1791 y 1800 más de 30 mil, entre ellos unas 5 mil familias blancas y mulatas y los esclavos que poseían. Las familias blancas fueron bien recibidas por el estado español en la Isla, a las cuales se les dio un subsidio pero se prohibió la entrada de negros por temor al contagio insurreccional.

Una segunda oleada de emigrantes franceses se produce entre los años 1793 y 1795 debido a la lucha entre blancos y mulatos y la intervención en la misma del elemento negro. En 1795 España cedió su primera colonia, Santo Domingo, a Francia y comenzaron las oleadas de emigrantes franceses y dominicanos por temor al cambio de bandera.
A principios del siglo XIX (1802) se produce otra emigración cuando los ejércitos napoleónicos se enfrentan a las masas negras. Desalines, general negro proclamado emperador de Haití decretó el exterminio de toda persona francesa y descendiente de franceses y eso hace que los blancos se lancen hacia las costas orientales de Cuba.

Posteriormente La Luisiana fue vendida por Napoleón a los Estados Unidos en 1804 y muchos descendiente franco canadienses que habían huido de la dominación inglesa en 1763 se trasladan a Cuba. Hacia 1815 arribó un nuevo contingente directamente de Francia. Estos dos grupos se instalaron en La Habana.
E
n tanto, la declaración de guerra de España a Napoleón en 1808 provocó la expulsión de los franceses de Cuba, y el embargo de sus bienes. Pro ello, unos 12 mil franceses que se habían establecido en la Isla se trasladaron a New Orleans y otras ciudades norteamericanas. También hay que decir que muchos de esos, una vez resuelto el conflicto, regresaron entre los años 1813 y 1814.

La expulsión de los franceses provocó un gran problema entre el arzobispo de Cuba Joaquín de Ozés y Alzua y Sebastián Kindelán, Gobernador del Departamento Oriental, quien teniendo en cuanta el aporte económico y cultural lo que representaban para el progreso de la ciudad de Santiago de Cuba, se había identificado con ellos. En Holguín ese conflicto también se hizo sentir.

El argumento del gobernador era válido. Ya que el arribo de estas familias fue beneficiosa para Cuba pues no todos habían perdido su capital y pudieron enseguida fomentar cafetales y otros cultivos, lo que trajo un considerable aumento de la actividad comercial, y los que lo habían perdido traían la experiencia y nuevos métodos que aplicaron en la Isla. Entre ellos, según Pérez de la Riva, se encontraban los mejores agrónomos tropicales del mundo y los mayores expertos en comercio colonial. Los plantadores hicieron venir de Francia a artesanos y técnicos para que trabajaran en la industria azucarera.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX y primeros años del XX se producen las últimas migraciones de franceses al país. Algunos vienen reclamados por familiares, o directamente de Francia, otros, en las primeras décadas del XX huyendo de la I Guerra Mundial, y, luego, hasta de la II Guerra Mundial.

Los primeros franceses en la jurisdicción de Holguín
De los primeros emigrantes franceses y franco haitianos asentados en el territorio holguinero se conoce muy poco. En el año 1796, aparece oficiando como médico en Holguín, José Soler. Dos años después, en 1799 encontramos a Manuel Giron, nombrado por el Cabildo como alarife de zapatería. Algunos historiadores mencionan la estancia hacia 1804, de unas seis familias. La primera referencia que tenemos de ellas no las ofrece el colega e historiador de Gibara, Enrique Doimeadios Cuenca, quien tuvo la oportunidad de consultar un documento del Fondo Asuntos Políticos en el Archivo Nacional. (2 )

El documento es una comunicación enviada por el Teniente Gobernador de Holguín, Don Félix del Corral al Gobierno Superior de la Isla, sobre los extranjeros radicados en la jurisdicción, el 23 de abril de ese año de 1804. En la relación se especifica los nombres, procedencia, tiempo que llevan en Holguín, la edad, lugar de origen y profesiones, aunque no en todos los casos. En el documento aparecen 32 franceses, y se especifica que entre ellos hay 10 casados y una viuda. Los hombres son 18 son y las mujeres 14; del total, 12 son menores de 15 años. Llama la atención que los apellidos de algunos de los menores no concuerdan con los de las personas mayores, como si fueran niños recogidos por la pérdida de sus padres. Procedentes del Guarico se relacionan 19 personas, de Baracoa 9, uno de Cuba y dos que no se dice la procedencia. De ninguno de ellos se aclara el momento del arribo al país.

De estos 10 son naturales de Francia y 20 de Haití: 13 de Melo de San Nicolás, 5 de Puerto Pe (sic), 2 de San Marcos. Entre los oficios que practicaban se relacionan: 2 trabajadores del campo, 4 panaderos, 1 jornalero, 1 sombrerero y 1 carpintero, las mujeres aparecen en el trabajo de la casa. La estancia de ellos en Holguín fluctúa entre dos a siete meses, o sea el primero en arribar lo hizo en octubre de 1803.

Los apellidos son: Servian, Viamont, Sañe, Bartolomé, de Padua, Fuqui, Loran, Prin, Pote, Perodin, Oruno, Marsen, de Horna y Soris.

Desde el punto de vista político, el historiador José Novoa, ha sido quien ha estudiado el conflicto ocurrido en Holguín en el momento en que fueron expulsados de Cuba en 1809. Los mismos fueron defendidos por el Licenciado en Leyes José Rosalía Batista, por lo que este, al igual que el Gobernador de Cuba, fue acusado de afrancesamiento por las autoridades locales. entonces. No obstante se desconoce el destino posterior de esas familias.

Huella cultural en el municipio Sagua de Tánamo
Sagua de Tánamo es otra de las zonas de la actual provincia de Holguín que recibió el impacto de la cultura francesa tras la Revolución Haitiana. Debe aclararse que ese territorio pertenecía en esa época a la jurisdicción de Cuba (Santiago de Cuba). Hasta nuestros días han llegado apellidos de familias que se asentaron en ese territorio, como Revé, Rousseau, Videaux y Dubois, por citar algunas, e importantes exponentes de su cultura tangible e intangible.
Uno de ellos son las ruinas del cafetal La Dolorita, fundado por Eugenio Revé en la zona de Santa Catalina, y que desafortunadamente no fue incluido, junto al conjunto del patrimonio cafetalero de Santiago de Cuba y Guantánamo, en la declaración hecha por la UNESCO de Patrimonio de la Humanidad.

Hasta
el presente, en la zona, descendientes de esclavos de las dotaciones de La Dolorita, practican la Tumba Francesa de Bejuco.

La Dolorita fue descrita en parte por el historiador, Juan Pérez de la Riva en una de sus obras, El Barracón y otros ensayos. Según el autor, La Dolorita era uno de los grandes cafetales franceses, de unos 400 habitantes pues poseía dos molinos. Los datos que cita resultan de suma importancia para la futura intervención arqueológica de este bien patrimonial del cual se conservan los secaderos y muros de la casa vivienda.
En la historia de Sagua de Tánamo también se recoge la presencia de Juan Reve vinculado a la persecución de esclavos fugitivos de su dotación.

La existencia de franceses en el Holguín del XIX.
En una mirada a la antigua jurisdicción holguinera encontramos durante el siglo XIX la existencia de franceses y descendientes de estos. Entre la población citadina se destacan profesionales y otros dedicados a pequeñas industrias artesanales y a oficios. En Actas Capitulares del 10 y 17 de julio del año 1820 aparece una instancia de Don Manuel Lafita, herrero, cobrando una reja de hierro que ha fabricado para la Cárcel Pública. Como dato curioso este apellido existe aún en Aguas Claras y quienes lo poseen argumentan que "descienden de un pirata francés". En 1836 los carpinteros Juan Rafael Guillén y Francisco Paulo Beltrán, aparecen en Acta del 14 de febrero de ese año a instancias de haber construido unos bancos para la Parroquial. Un año más tarde el segundo fue nombrado por el Cabildo alarife de pintura.

En 1841 el sargento pardo José Simon lo fue como maestro de obra de albañilería y lo encontramos en una inspección a la obra que se realizaba en el Cementerio General de la Ciudad.

En
la documentación, encontramos, hacia la segunda mitad del siglo, una mayor presencia de apellidos de origen francés vinculados a los servicios; destacándose como herreros, plateros, fotógrafo y vendedores ambulantes.

En 1856 el pardo Lorenzo Mule posee un taller de herrería y se vinculará a importantes obras de la ciudad. Su nombre aparece en los primeros gremios que se forman en Holguín junto al herrero Antonio Teran y Teófilo Tabuteau, este último fotógrafo. La familia Mulet, (blanca) la encontramos asentada a finales del siglo en el Barrio de Sao Arriba. También, un año después, a Vicente Guillén, nombrado Alarife Público de platería, en cuyo nombramiento se especifica que es único en su clase.

En 1866 el agrimensor Francisco Romeu, natural de Santiago de Cuba, presenta al Ayuntamiento, para su aprobación, su título otorgado por la Escuela de Profesionales de la Habana
Sin
embargo, de estos mulatos que realizaban trabajos manuales no se especifica que sean descendientes de franceses o franco haitianos. Un padrón de 1850 solamente relaciona un ciudadano francés en el Partido de Auras y en 1858 tres ciudadanos franceses en la jurisdicción: Raimundo Blanchard, alfarero, asentado en Arroyo Blanco; Santiago Lagard, natural de Burdeos, carpintero, vecino de la calle Fortaleza en el Puerto de Gibara, y Agustín Pujols, quien en la Dehesa de la ciudad de Holguín posee un tejar.

El Dr. García Castañeda en un documento inédito que se conserva en el Archivo del Museo Provincial, La Periquera, Monumento Nacional, refiere un grupo de franceses, entre ellos dos profesionales, radicados en Holguín desde el año 1858, y en adelante. Estos son: "el Licenciado en Medicina Julio Jomarrón Martínez; el Cirujano-Dentista Esteban Dalmau, quien fuera de matrimonio tuvo un hijo con la francesa Bernarda Lafont, natural de Tolosa; Juan Escobí, vendedor ambulante; Juan Milles o Millet, curtidor de oficio; Fabian Bilac, platero; y Julián Lisabé o Lizabett, Pedro Lamotta y Jacobo Duelen" (3); de estos últimos no especifica el oficio.
En fuentes consultadas, que datan de ese siglo, aparecen otros emigrantes franceses, avecindados por lo general en Holguín y Gibara. Entre ellos: Martín Richard y Ramón Blanchard, (hermano de Raimundo), ambos dedicados a la pesca.

Otros mencionados por García Castañeda son Bernardo Lafont, Pedro Blanchard, Pedro Dalfos, Juan Toch, Pedro Gamal, Francisco Deu y Teofilo Tabuteau, ya nombrado como fotógrafo. Esta relación de ciudadanos franceses en Holguín contradice lo referido por Jacobo de la Pezuela, en su Diccionario, en el cual sólo relaciona la presencia de cuatro franceses en Gibara en el siglo XIX.

En la segunda mitad del siglo XIX, llegan a Gibara otros franceses. Se asientan allí y dedican a la industria del cuero. Estos fueron: Pedro Sondón, Pedro Echavarría y Graciano Daguerre.

Los Dumois y Duruthy en Banes

El actual territorio de Banes, pertenecía a la jurisdicción holguinera, y en él también se asentaron franceses. La familia Dumois Gesse adquirió en 1887 una considerable extensión de tierras, que hoy comprende los municipios Banes y Antilla, la cual dedicó al cultivo del plátano fruta, para la exportación. En 1910 cuando se constituyó el Ayuntamiento de Banes se consideró a familia Dumois como una de las fundadoras, mérito que le fue reconocido por el Ayuntamiento en 1923 junto a los vecinos Juan Cárdenas, Delfín Pupo y Octavio Silva.

Esta familia asentada en Santiago de Cuba, controló desde 1880 el comercio de frutos en Baracoa por medio de la Sociedad Tur y Dumois. Hijos de padres franceses, habían nacido en New Orleáns.

Otra huella dejada por emigrantes franceses en el territorio de Banes es el Barrio de Duruthy, situado entre esa ciudad y Samá, a una distancia de una legua y media de la cabecera. Su nombre lo tomó del apellido de un francés propietario, antes de 1895, de una plantación de plátano fruta.

Entre otros franceses asentados en ese territorio se encuentran don Fermín Belleau, conocido como "el francés", propietario de un comercio, nombrado El Encanto. También en la historia de Banes aparece el nombre de Narciso Delabat. Desde el siglo XIX en Veguita, sitio localizado a la entrada de Banes se asentó Antonio Güidis dedicado a labores del campo; su hijo se dedicó a pequeños comercios en el poblado de Banes, y, más tarde se trasladó a Holguín. Luco y Juan Hiriart (Cayet), quienes arribaron a la región por Gibara, se trasladaron a Banes y allí instalaron una tenería.
Familias como las Balart, Besalu y Trutié, esta última en la zona de Antilla, da fe de la presencia francesa en el territorio.
Para 1927 y por el puerto de Gibara, la Sociedad Dumois y Núñez exportaba guineo, lo cual motivó el nombramiento de un Cónsul de Francia en esa Villa, cargo que ocupó Eduard Latourt; familia que aparece vinculada al central azucarero Santa Lucía.

En la zona de Mayarí y Cueto.
Un sinnúmero de apellidos de origen francés encontramos en los territorios que abarcan los municipios Mayarí y Cueto, inferimos que su procedencia está relacionada con Baracoa y Santiago de Cuba, pero no hay que olvidar que el historiador Pérez de la Riva refiere que Mayarí fue una de las zonas donde se asentaron caficultores, fundamentalmente en los Pinares de Mayarí, donde hasta hace algunos años se conservaban los secaderos.
Entre los apellidos registrados tenemos Alemagny, Lizabeth, Balloi, Bertrand, Besalu, Breffe, Casseau, Bufili, Faurest, Sirbau, Labuele, Lescay, Lary, Mayan, Mantecon, Marsilly, Perbet, Puron y Ribaux.

De los Pirineos franceses al litoral antillano.
El comercio e industria de las pieles se desarrolló en Holguín a través de emigrantes franceses, a lo que contribuyó que desde épocas tempranas la jurisdicción holguinera tuviera como renglón principal de su base económica la crianza de ganado vacuno. En 1822, tras la apertura del puerto de Gibara, comienza por allí la entrada y salida de las riquezas agrícola y ganaderas del territorio y zonas inmediatas.

Muy pronto algunos franceses comprenden las ventajas económicas que ofrece la explotación de subproductos del ganado y su exportación por el puerto, y emprenden la construcción de tenerías en Gibara. Entre ellos se destacan Carlos Guitay e Ignacio Choribit, quienes en 1864 poseen una tenería en los confines de la marina; Pedro Echavarría y Pedro Sondón Arbalech, los que juntos instalan otra tenería. También fomenta una tenería Pedro Sondón con Graciano Daguerre Laudagere, que inferimos haya sido la misma con cambio de dueño, actividad que continuó un hijo de éste de igual nombre: Graciano Daguerre Lamorena.

En el siglo XX se abrieron tenerías en Banes y Holguín, y se estimuló la emigración desde los Bajos Pirineos. Por vínculos familiares o intereses económicos llegaron a Holguín en los alrededores de 1920, vía Habana y Gibara, franceses naturales de pequeñas localidades, entre las que se encuentran Hasperre, Armendarist, San Sebastián y Puenterubia; localidades con fuerte influencia vasca. Las dos guerras mundiales, con sus secuelas, fueron también motor impulsor de esta emigración.

Sondón y Daguerre, por medio de cartas de invitación, promovieron la emigración de paisanos hasta este territorio. En la cubierta de los vapores que viajaban a Cuba hicieron la travesía. Entre ellos se encontraban: Bautista Lahirigoyen Lapeinade, Blanchart, Santí, Pedro Dorricu, Miguel Iriarte, Melquíades Daguerre, Pedro Uhalde, Pablo Laffite, Juan Echegaray, Juan y Lorenzo Detchart, Adrián Cinqualbres y René Etchegaray Etcheparaborde.

Algunos de estos hombres no poseían un alto nivel cultural pero tenían gran experiencia en oficios de tenerías y talabarterías, y a ellos se dedicaron en Cuba.

Pedro Sondón fue uno de los primeros en llegar hasta el territorio. Nació en Hasperre, Villa del Departamento de los Bajos Pirineos, Distrito de Bayona, cerca de la frontera con España. Establecido en Gibara desde finales del siglo XIX, fomentó una tenería que poseyó por 33 años hasta que se trasladó a Holguín, y adquirió una por compra a doña Rita González en 1901, la cual reedificó y nombró La Industrial. Propietario de un considerable terreno (2 caballerías) al sur de la ciudad, en el sitio conocido como Paso de Cuba, donde poseía un tejar El Milagro, fundó el reparto Pueblo Nuevo, de 47 manzanas, aprobado por la alcaldía en el año 1922. Casó con Antonia Rodríguez, con la cual tuvo 10 hijos. Murió el 29 de mayo de 1928, y pasó a su yerno Pablo Laffite sus propiedades, refundidas en la tenería, el reparto y una fábrica de jabones.

Este grupo de emigrantes franceses estaba organizado en una comunidad en la ciudad de Holguín, dirigidos por Pablo Laffite que actuaba como Vicecónsul. Por las referencias recogidas entre descendientes, es destacable que mantuvieron sus costumbres y tradiciones. En la misma tenería celebraban las fechas patrias y en ellas se cantaba La Marsellesa. En la industria, localizada en la calle Coliseo esquina a Narciso López, delante de la cual se encontraba la casa familiar de aspecto colonial, tenían un ring de boxeo donde resolvían los conflictos entre ellos, quienes se caracterizaban por ser rudos y de mal carácter.

Durante la II Guerra Mundial Pablo Laffite fue un eficaz colaborador de la prensa holguinera.

Muchos se casaron con cubanas, otros con hijas de franceses, y dejaron numerosos descendientes que se integraron a la nacionalidad cubana. Queda pendiente investigar y conocer el aporte de esas personas al tronco común de nuestras culturas y tradiciones.

Referencias.
1.- Juan Pérez de la Riva. El Café, P: 27.
2.- Extranjeros en Holguín, 23 de abril de 1804, Fondo Asuntos Políticos, Leg. 213, No. 33. Archivo Nacional de Cuba.
3.- José Agustín García Castañeda. Fondo García Castañeda, Doc. 465. Archivo Museo Provincial, La Periquera.
4.- Antonio Toppe, Holguín, 20 de marzo de 2006.
5.- Enrique Doimeadios Cuenca, Holguín, 22 de marzo de 2006.


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2 comentarios:

yolanda dijo...

SRS; curiosamente el apellido Holguin, u Olguin, originalmente fue Holken, luego Holquin,Golgin, Golfin que al final son todos uno y uno todos, ya en el Ducado de Borgona, los ya franceses Holquin, pasaron hacia España, a Extremadura y Cacéres, para luego adoptar el apellido de Golfín u Holguin en America, ingresen por favor a las Cáceres por Google y encontraran muchas sorpresas òpticas... y si más leean "Marianela," de Peréz Gáldos... capítulo 9 se torna más interesante aún, todo lo escrito es VERDAD Y NO ESTOY CONTRADICIENDO LA VERACIDAD DEL MISMO!

ATTE.

Y.H.

jacqes dijo...

Según F. González-Doria en su "Diccionario heráldico y nobiliario de los reinos de España" (ed. Bitacora), Laffite es apellido vasco (de Guipúzcoa) oriundo de Francia, no así Lafita, de origen aragonés (Jacetania),aunque quizá tengan ambos su origen (indirectamente) en el megalitismo. Veamos: Ricardo Mur, en su libro "Pirineos montañas profundas" (ed. Pirineo), informa que el megalitismo viajó desde el Mediterraneo Oriental hacia Iberia, traído por prospectores de metales egeo-anatolios entre los milenios III y II a.C. De la Península, por las costas atlánticas pasaron a tierras fracesas y de aquí a las Islas Casitérides o Islas del Estaño (actuales Británicas).
La "religión megalítica" se manifiesta en construcciones diversas, tales como cuevas, dólmenes, cistas, túmulos, cromlechs, menhires... El Pirineo no anda escaso de estas construcciones tanto en la vertiente francesa como en la española, y ambas fueron fuertemente romanizadas (los idiomas francés y español se derivan del Latín, compartiendo más estructuras y raíces de palabras de las que estamos dispuestos a admitir). Así pues, un menhir es una piedra plantada verticalmente o "Petra Ficta" (piedra hincada), en latín.
En la toponimia queda el recuerdo de muchas de estas piedras erguidas, siempre en lugares escogidos, dando nombre a pueblos y parajes cristianizados tardíamente (siglos VIII- IX). En el Pirineo aragonés tenemos, por ejemplo, el Collado de Piedrafita (Petra Ficta), en Ansó; Las Fitas, en Guarrinza; Piedrafita de Jaca, en el valle de Tena; Peña Arafita (Peña ra Fita o Peña la Fita), en Sallent de Gállego; Yenefrito (Lena Ficta), en Panticosa. Y en el Pirineo francés, por ejemplo Pierrefitte, nombre tan francés como español es Piedrafita.
Alcalá, apellido aragonés con origen en Alcalá del Obispo (Huesca), documentado allá por el 1140, ha dado lugar a todos los Alcalá que podamos conocer. Pero estoy seguro que Laffite y sus derivados (Lafitte, Laffitte) pese atener el mismo significado que Lafita tienen orígenes diferentes.
L.L.